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·6 min de lectura·Por Roberto Carlos González Díaz

Presupuestar por metro lineal: cuándo sirve y cuándo pierdes dinero

Presupuestar por metro lineal, por metro cuadrado o por kilo es rápido, pero esconde pérdidas. Cuándo sirve en el taller y cómo calcular tu propio precio.

El cliente llama un martes por la tarde: «¿Cuánto me sale un armario empotrado de tres metros?». Tú estás con el serrín de la escuadradora encima y contestas lo de siempre: tanto el metro. Presupuestar por metro lineal es la forma más rápida de dar un precio en una carpintería a medida. En carpintería metálica pasa lo mismo con el metro cuadrado de cerramiento, y en calderería con el kilo.

El problema no es usar un precio por unidad. El problema es no saber de dónde sale ese número. Muchas veces es una cifra que se puso hace años, que se copió de otro taller o que se fue redondeando sin mirar. Y con ella se presupuestan trabajos que no se parecen en nada.

Vamos a ver cuándo ese precio te sirve, cuándo te hace perder dinero sin que te des cuenta y cómo sacar el tuyo con las obras que ya has hecho.

Presupuestar por metro lineal: de dónde sale ese precio

Un precio por metro lineal es un resumen. Detrás hay tablero, cantos, herraje, horas de corte, de mecanizado, de montaje en el taller y en casa del cliente. Cuando alguien dice «el armario está a tanto el metro», está metiendo todo eso en una sola cifra.

Funciona mientras los trabajos se parezcan a los que sirvieron para calcularla. Si el número salió de armarios de puertas correderas en melamina blanca, con dos baldas y una barra, vale para eso. Para otra cosa, es una apuesta.

Lo mismo con el metro cuadrado de una barandilla o de un cerramiento, o con el kilo de una estructura. El kilo de acero en una pieza sencilla de perfil laminado no lleva el mismo trabajo que el kilo de una pieza llena de cortes, taladros y cordones de soldadura.

Lo que el metro lineal no ve

El precio por unidad mide el tamaño. Pero lo que cuesta dinero en un taller casi nunca es el tamaño: es la complicación. Algunas cosas que un metro lineal no recoge:

  • Los cajones. Un módulo con cuatro cajones lleva guías, frentes, más cantos y más horas que uno con baldas.
  • El herraje. Unas bisagras normales y un sistema de compases o de puertas plegables no cuestan lo mismo.
  • El acabado. Melamina, chapa natural o lacado son tres trabajos distintos, aunque el armario mida igual.
  • Las paredes torcidas. Ajustar a un techo que baja dos centímetros en tres metros lleva horas que no aparecen en el plano.
  • El montaje. Un tercero sin ascensor, una obra lejos o una entrega con prisas cambian el coste.
  • En metal: soldadura vista que hay que repasar, galvanizado o lacado fuera, piezas a medida en lugar de perfil estándar.

Si cobras igual el metro sencillo que el complicado, el sencillo te deja margen y el complicado se lo come. A final de mes la cuenta sale floja y no sabes de dónde viene el agujero.

Cuándo sí sirve presupuestar por unidad

No hace falta tirar el precio por metro a la basura. Tiene usos buenos:

  1. Para dar una horquilla por teléfono. «Un armario así suele moverse entre tanto y tanto». El cliente sabe si está en lo que quiere gastar y tú no te comprometes a nada.
  2. Para trabajos que se repiten mucho. Si haces cada mes el mismo tipo de mueble, con los mismos materiales, el metro lineal se acerca bastante a la realidad.
  3. Para revisar un presupuesto detallado. Calculas por despiece y luego miras a cuánto sale el metro. Si se aleja mucho de lo habitual, algo se te ha escapado o algo has inflado.

Lo que no conviene es usarlo para cerrar el precio de un trabajo que no se parece a los anteriores.

Cómo sacar tu propio precio por metro lineal (o por kilo)

El precio por unidad que sirve es el tuyo, sacado de tus obras. No el de la competencia ni el de hace cinco años. Se hace así:

  1. Junta las obras cerradas de un mismo tipo. Por ejemplo, los armarios empotrados en melamina de los últimos meses.
  2. Para cada una, apunta lo que costó de verdad: material según albaranes, horas según partes, subcontratas y montaje.
  3. Divide el coste de cada obra entre sus metros lineales, sus metros cuadrados o sus kilos.
  4. Mira cuánto se parecen los resultados. Si unas obras salen a un precio y otras al doble, ese trabajo no se puede presupuestar por metro: hay que separarlo en familias más pequeñas.
  5. Pon tu margen encima del coste con la cuenta hecha, no a ojo sobre el precio final.

Si no tienes partes de horas ni el coste de las obras cerradas, este cálculo no se puede hacer. Y ahí está el fondo del asunto: el precio por metro es tan bueno como los datos que hay detrás.

Un ejemplo en el banco de trabajo

Pongamos un taller que cobra los armarios a un precio fijo por metro. Las cifras dan igual; lo que importa es el mecanismo. Le piden dos armarios de tres metros cada uno.

El primero es de puertas correderas, con baldas y barra por dentro. El segundo lleva puertas abatibles lacadas, seis cajones y un hueco para la caldera que obliga a hacer un módulo a medida.

Por metro lineal, los dos cuestan lo mismo. En el taller, el segundo lleva mucho más herraje, una subcontrata de lacado y bastantes más horas de banco y de montaje. Si el precio por metro se calculó con armarios como el primero, el segundo se hace casi gratis.

Nadie lo nota el día que se monta. Se nota en el banco unos meses después.

Consejo práctico: cuando des un precio por metro lineal por teléfono, dalo siempre como horquilla y añade «a falta de ver la obra y el interior». El cliente se lleva una idea y tú no te atas a un número que todavía no sabes si te sale.

Del metro lineal al despiece sin perder la tarde

La pega del despiece es el tiempo. Sacar cada tablero, cada canto y cada bisagra para cada presupuesto se come la tarde, y por eso se acaba tirando del metro. Ya contamos cómo hacerlo con método en presupuestar trabajos a medida sin tarifario.

La salida es no hacer el despiece desde cero cada vez. Si los precios de material están al día, si sabes cuántas horas lleva de media un cajón o un módulo y si puedes partir de una obra parecida ya cerrada, un presupuesto detallado sale casi tan rápido como uno por metro. Y luego puedes comparar lo presupuestado con lo que costó de verdad.

Para eso sirve un software de gestión hecho para talleres y fábricas pequeñas: presupuestos, partes de horas, stock y facturas en el mismo sitio, y el coste real de cada obra a la vista. En un taller de mobiliario a medida de Madrid lo planteamos así: la herramienta saca los precios de facturas, albaranes y horas reales, y prepara borradores de presupuesto que una persona revisa antes de enviarlos.

Para empezar: tus cinco últimas obras

No hace falta cambiarlo todo de golpe. Tres pasos:

  • Coge las cinco últimas obras de tu trabajo más habitual y calcula cuánto te costó el metro en cada una.
  • Compáralo con el precio por metro que das por teléfono.
  • Si hay mucha diferencia entre obras, separa ese trabajo en dos o tres tipos con precio distinto.

Si quieres ver cómo quedaría esto en tu taller, con tus materiales y tu forma de trabajar, escríbenos, manda un correo a comercial@iajr.es o llama al +34 683 353 228. Lo miramos contigo sin compromiso.

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