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·6 min de lectura·Por Roberto Carlos González Díaz

Merma de material en un presupuesto: cómo calcularla en el taller

Cómo meter la merma de material en un presupuesto de carpintería o metal: medirla por obra, por material y por pieza para no regalar tablero ni perfil.

Cortas el último tablero del armario y te falta una balda. El presupuesto decía tres tableros y han hecho falta cuatro. Nadie midió mal. Lo que faltaba en la cuenta era la merma de material en el presupuesto: lo que se va en serrín, en cantos saneados, en vetas que no casan y en el sobrante que ya no vale para nada.

En carpintería metálica pasa igual. Sumas los metros de perfil, divides entre seis y redondeas. Luego, en la tronzadora, ves que de cada barra salen dos piezas y no tres, y que sobran 1,80 metros que acaban en la pila. Ese perfil lo has pagado tú.

La merma no viene en ninguna tarifa de proveedor. O se calcula en el taller o no se calcula. Y si no se calcula, sale del margen, obra tras obra, sin que nadie lo vea.

Merma y retal no son lo mismo

Conviene separar las dos cosas, porque se tratan distinto.

La merma es el material que se pierde sí o sí: el corte de la sierra, el canto que hay que sanear, la pieza que sale con un nudo, el trozo de barra que queda demasiado corto. Eso se cobra en la obra que lo genera.

El retal es un sobrante que todavía sirve. Si lo guardas y lo usas en otra obra, recuperas parte del dinero. De eso ya hablamos en el post sobre cómo aprovechar retales en carpintería. Aquí vamos a lo que viene antes: cómo meter en el precio lo que se pierde.

Dónde se te va el material sin que lo veas

Si das una vuelta por el taller pensando en esto, lo ves por todas partes:

  • El grueso del disco. Cada corte se come unos milímetros. En un despiece con muchas piezas pequeñas, suma.
  • El saneado de cantos. El tablero rara vez llega con los bordes listos para usarlos tal cual.
  • La dirección de la veta. En un roble o un nogal no puedes girar una pieza para que quepa. Manda la veta, y el tablero se aprovecha peor.
  • El largo comercial. El perfil viene en barras de 6 metros y la chapa en formatos fijos. Tus piezas casi nunca encajan justas.
  • Las piezas que salen mal. Un corte torcido, un golpe al descargar, un taladro donde no era. La pieza se repite y el material se paga dos veces.
  • Las pruebas. El primer corte para ajustar la máquina o la pieza de muestra para el cliente.

Cómo calcular la merma de material en un presupuesto

El error de siempre es calcular por superficie o por metros lineales y redondear. Veámoslo con un ejemplo inventado.

Un armario cuyas piezas suman 8,5 m² de tablero. Un tablero de 2.440 x 1.220 mm tiene casi 3 m². Por superficie salen 2,9 tableros, así que presupuestas tres. Pero al hacer el despiece real, con la medida de cada pieza, la veta y el grueso del corte, las piezas no encajan y necesitas cuatro. Te has quedado un tablero corto.

En metal pasa lo mismo. Doce piezas de 2,10 metros son 25,2 metros. Entre 6 salen 4,2 barras, así que pides cinco. Pero de una barra de 6 metros solo salen dos piezas de 2,10. Necesitas seis barras, no cinco.

La forma sensata de hacerlo, por orden:

  1. Cuenta por piezas enteras, no por superficie. Cuántos tableros o cuántas barras hacen falta de verdad para sacar esas piezas.
  2. Suma un porcentaje de merma según el material. No es lo mismo un melamina blanco que un rechapado con veta, ni un tubo cuadrado que un perfil de aluminio con rotura de puente térmico.
  3. Súbelo si la obra es complicada. Muchas piezas pequeñas, cortes en ángulo, curvas o un material que el equipo no ha trabajado nunca: más merma.
  4. Bájalo si el retal tiene salida. Si lo que sobra va a servir para otra obra que ya tienes, no hace falta cargarlo entero en esta.
  5. Apunta el porcentaje que usaste. Así, al cerrar la obra, puedes compararlo con lo que se gastó de verdad.

Un porcentaje fijo para todo no funciona

Es habitual poner el mismo porcentaje de merma a todo, un 10 % por ejemplo, y olvidarse. Es mejor que nada, pero tiene dos problemas.

En las obras sencillas, con piezas grandes y material barato, te sobra y quizá te quedas fuera por precio. En las obras con material caro y un despiece complicado, se queda corto, y pierdes dinero justo en las obras más grandes.

La merma depende del material, del tipo de pieza y de la máquina. Una escuadradora con años y un centro de mecanizado no desperdician lo mismo. El único porcentaje que vale es el de tu taller, y ese no viene en ningún libro: sale de medirlo.

Medir la merma real sin parar el taller

No hace falta pesar las virutas. Basta con comparar dos números al cerrar cada obra: el material que presupuestaste y el que salió del almacén para esa obra.

Si en el presupuesto había tres tableros y salieron cuatro, ahí tienes la diferencia. Si te pasa en cinco armarios seguidos con el mismo material, ya sabes que el porcentaje para ese tablero está mal.

Consejo práctico: durante un mes, apunta en el parte de cada obra cuántos tableros o barras salieron del almacén, aunque sea a boli. A final de mes compáralo con lo presupuestado, material por material. Con eso ya puedes fijar tu primer porcentaje de merma por tipo de material en vez de uno para todo.

Lo difícil no es la cuenta, sino que llegue el dato: que alguien apunte lo que sale del almacén y que se cruce con el presupuesto de esa obra. Si el material se coge de la pila sin apuntarlo, la merma se mezcla con todo lo demás y no hay manera de verla.

Cuándo conviene cobrar la merma aparte

En la mayoría de obras la merma va dentro del precio del material y el cliente no la ve. Pero hay casos en los que conviene dejarla clara:

  • Cuando el cliente pide un material especial que se compra solo para su obra y lo que sobra no te sirve para nada más.
  • Cuando el cliente trae su propio material para que lo trabajes. Avísale antes de empezar de cuánto se va a perder.
  • Cuando un cambio a mitad de obra obliga a repetir piezas ya cortadas. Eso es un extra y se cobra como tal.

Qué hace un programa de gestión con todo esto

Con papel y Excel se puede hacer, pero cuesta mantenerlo. Cada presupuesto vive en su archivo, el material que sale del almacén en otro sitio y los partes en una libreta. Cruzarlo todo a mano al cerrar cada obra es justo el trabajo para el que nadie tiene tiempo.

Un software de gestión a medida para talleres y fábricas junta esas tres cosas: el presupuesto con su porcentaje de merma por material, el stock que se descuenta al imputar material a la obra y el coste real al cerrarla. Así la diferencia entre lo presupuestado y lo gastado sale sola, obra por obra, y el siguiente presupuesto usa el porcentaje de tu taller y no uno de memoria.

Es la misma idea que hay detrás de la herramienta que hicimos para un taller de carpintería a medida en Madrid: que los precios salgan de lo que de verdad se gasta en el taller, no de una tarifa que alguien se sabe de cabeza.

Si quieres ver cómo encajaría en tu taller, con tus materiales y tu forma de presupuestar, cuéntanoslo aquí, escríbenos a comercial@iajr.es o llama al +34 683 353 228. Vamos a verlo contigo y te decimos qué tiene sentido y qué no.

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