Presupuestar el montaje en obra: el coste que se queda fuera
Presupuestar el montaje en obra sin olvidar viajes, accesos, ayudantes ni esperas. Método sencillo para talleres de carpintería y metálica que montan fuera.
Son las siete y media. La furgoneta sale cargada con los módulos de una cocina hacia un tercero sin ascensor. En el presupuesto pusiste «montaje: 1 día». A las seis de la tarde seguís nivelando la encimera porque la pared tiene dos dedos de barriga y el enchufe del horno no está donde decía el plano.
Presupuestar el montaje en obra es donde muchos talleres pierden dinero sin darse cuenta. Lo que pasa dentro del taller lo controlas: sabes cuánto tardas en cortar, cantear o soldar. Fuera no. Fuera hay atascos, portales estrechos, clientes que no están, electricistas que no han terminado y paredes que no están a escuadra.
Y como el montaje suele ir en una sola línea al final del presupuesto, puesta a ojo, nadie revisa después si esa línea cuadró. Este artículo va de cómo ponerle número con un poco más de cabeza.
Por qué el montaje se presupuesta a ojo
Casi siempre por prisa. El cliente quiere el precio ya, el despiece y el material llevan su rato, y cuando llegas al montaje pones lo de siempre: un día, dos días, medio día.
El problema es que «lo de siempre» sale de la memoria, y la memoria se queda con los montajes que fueron bien. El de la cocina que se alargó tres días por culpa del albañil se olvida rápido. El precio no.
Hay otro motivo: el montaje no se ve. El material tiene factura del proveedor. Las horas de taller, con suerte, tienen parte. Pero las horas en casa del cliente casi nunca se apuntan aparte, así que no hay con qué comparar.
Lo que cuesta de verdad montar fuera
Cuando desmontas la línea de «montaje» en sus piezas, salen cosas que no estaban en el precio:
- Desplazamiento: ida y vuelta, con el tráfico de la hora a la que vais, no con el de Google Maps a las tres de la madrugada.
- Carga y descarga: subir tableros, perfiles o una puerta de hierro por una escalera estrecha lleva su tiempo, y a veces hacen falta dos personas aunque el montaje lo haga una.
- Accesos: sin ascensor, sin sitio para aparcar, zona de carga a cien metros, horario de la comunidad.
- Ajustes en obra: paredes fuera de plomo, suelos desnivelados, huecos que no miden lo que dijeron.
- Esperas: el cliente no ha llegado, la otra cuadrilla no ha terminado, falta la toma de agua.
- Remates y limpieza: siliconas, tapajuntas, recoger embalajes y dejar aquello presentable.
- Material de montaje: tacos, tornillería, espuma, silicona, discos. Poca cosa cada vez, pero sale en todas las obras.
Nada de esto es raro. Pasa en casi todos los montajes. Lo raro es que esté en el presupuesto.
Cómo presupuestar el montaje en obra por partes
No hace falta una tarifa complicada. Basta con dejar de poner una sola cifra y separar el montaje en tres bloques:
- Tiempo de montaje puro. Personas por horas. Si vais dos, son dos personas por las horas que estéis allí, no «un día».
- Tiempo fuera del montaje. Viaje, carga, descarga y recogida. Suele ser más de lo que parece, sobre todo si hay que volver al día siguiente.
- Margen de imprevistos. Un colchón que decides tú según la obra: no es lo mismo una vivienda nueva que una reforma en un edificio antiguo.
Por ejemplo, para unos armarios empotrados con dos personas: ocho horas de montaje entre los dos, más dos horas de viaje y descarga por cabeza, más una hora de margen porque la casa es antigua. Son unas trece horas de mano de obra, no «un día». Las cifras son un ejemplo inventado; lo que importa es la forma de sumar.
Esas horas se multiplican por tu coste hora real, el que incluye todo lo que pagas aunque no estés produciendo. Si no lo tienes calculado, aquí explicamos cómo calcular el coste de la hora de taller.
La visita previa: media hora que te ahorra un día
Muchos sustos del montaje se ven antes si alguien va a la obra con el metro y los ojos abiertos. No para tomar medidas finas, que eso ya lo haréis después, sino para mirar lo que encarece el montaje:
- Si hay ascensor y qué mide por dentro.
- Dónde se puede aparcar la furgoneta.
- Cómo están las paredes y el suelo.
- Qué otros oficios van a pasar antes que vosotros.
- Si hay luz y agua el día que toca montar.
Con eso apuntado, el bloque de imprevistos deja de ser una corazonada y pasa a tener motivo. Y si el cliente pregunta por qué el montaje cuesta lo que cuesta, tienes algo concreto que contarle.
Las esperas y los imprevistos, por escrito
Hay cosas que no dependen de ti: que el electricista no haya terminado, que el cliente cambie de idea con el mueble ya colgado, que haya que volver otro día porque el hueco no estaba libre.
Pon en el presupuesto, con una frase clara, qué incluye el montaje y qué no. Por ejemplo: «Incluye un desplazamiento y montaje en una jornada con la obra libre de otros oficios. Las esperas o desplazamientos adicionales por causas ajenas al taller se facturan aparte a precio de hora». Así, cuando pase, no hay discusión: ya estaba escrito.
Esto no es para cobrar de más. Es para que el imprevisto no salga siempre de tu margen. Y si el cliente pide cambios en obra, eso ya es un extra, y conviene cobrar los extras en trabajos a medida en el momento y no al final, cuando ya nadie se acuerda.
Apunta las horas de montaje aparte
El único modo de presupuestar mejor el siguiente montaje es saber cuánto duró este. Y para eso hace falta que las horas de obra se apunten separadas de las de taller.
No hace falta un gran sistema. Lo mínimo es que quien monta apunte, al terminar el día, tres cosas: en qué obra estuvo, cuántas horas, y si hubo espera o vuelta. Desde el móvil, en la furgoneta, en dos minutos. Si hay que esperar al viernes y a la libreta, no se hará.
Al cabo de unos meses tienes algo que vale oro: cuánto tarda de verdad tu gente en montar una cocina, un armario o una barandilla. Con eso, la próxima línea de montaje ya no sale de la memoria.
Juntarlo todo en una sola herramienta
Lo difícil no es entender todo esto. Lo difícil es hacerlo con el presupuesto en un Excel, las horas en una libreta y el coste de la obra en la cabeza. Cada cosa está en un sitio y nadie las junta.
En AJR hacemos software de gestión a medida para fábricas y talleres que reúne en una sola herramienta los presupuestos, los partes de horas desde el móvil, el stock y el coste de cada obra. La idea es sencilla: que la línea de montaje del presupuesto y las horas que de verdad se hicieron estén en la misma pantalla, y que salte un aviso cuando una obra se va de margen. No es un ERP genérico ni se paga por usuario: se hace a la medida de cómo trabaja tu taller.
Si quieres ver cómo se plantea algo así en un taller real, puedes leer el caso de una carpintería a medida en Madrid.
Si montas fuera y tienes la sensación de que el montaje se te come lo que ganas en el taller, cuéntanoslo. Escríbenos desde la página de contacto, a comercial@iajr.es o al +34 683 353 228, y vemos juntos dónde se te escapa el dinero.
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