El coste de los repasos en un taller: volver a una obra ya entregada
El coste de los repasos en un taller casi nunca se apunta: viajes, horas y material de obras ya entregadas. Cómo medirlo y que no se coma el margen.
Has entregado la cocina. El cliente ha pagado. La obra está cerrada en tu cabeza. Dos semanas después suena el teléfono: una puerta del alto roza, un cajón no cierra bien y falta un embellecedor que se quedó en la furgoneta. Cargas herramientas, mandas a un oficial y se va media mañana. Ese viaje no lo apunta nadie. Es el coste de los repasos en un taller, y casi ningún taller pequeño sabe cuánto le está costando.
No hablamos de chapuzas. Una obra a medida casi siempre trae algún ajuste: la madera trabaja, la pared no estaba a plomo, el cliente cambia un tirador cuando ya está todo montado. Lo normal es volver. El problema es que esa vuelta sale de tu margen y nadie la cuenta.
En este artículo vemos de dónde salen los repasos, cuánto pesan de verdad y cómo apuntarlos sin papeleo. Así, al cerrar una obra, sabes lo que ganaste de verdad.
Por qué el coste de los repasos en un taller se queda sin apuntar
El repaso llega cuando la obra ya está facturada. Para la oficina está terminada. Para el taller también. Así que el oficial que va a ajustar bisagras no sabe a qué apuntar esas horas, o directamente no las apunta.
Pasa lo mismo con el material. Una bisagra, un par de tornillos, un tapajuntas que se cortó corto. Sale del estante sin que nadie lo anote, porque "es poca cosa".
Y el desplazamiento es lo que más se olvida: gasoil, aparcamiento, la hora de ida y la de vuelta. A veces cuesta más llegar al repaso que hacerlo.
Lo que de verdad cuesta volver a una obra
Cuando se suma todo, un repaso "de diez minutos" tiene más partidas de las que parece:
- Horas del oficial, contando el trayecto, no solo el rato de trabajo.
- Furgoneta: combustible, desgaste y, en Madrid, a veces aparcamiento o peajes.
- Material de repuesto o una pieza que hay que volver a fabricar.
- Tiempo de taller si la pieza se rehace: corte, canteado, lacado o soldadura otra vez.
- La obra que se retrasa, porque ese oficial no estaba donde tenía que estar.
Pongamos un ejemplo, solo para hacer la cuenta. Un oficial sale a las ocho, tarda cuarenta minutos en llegar, ajusta durante media hora y vuelve. Ha perdido casi dos horas. Si además hay que rehacer un frente de cajón, súmale el tiempo de máquina y el tablero. Y si la obra tenía un margen ajustado, dos o tres viajes así se lo comen.
| Partida | Qué apuntar |
|---|---|
| Mano de obra | Horas totales, con trayecto |
| Desplazamiento | Viaje y kilómetros |
| Material | Lo que salió del estante o se pidió |
| Rehacer pieza | Horas de taller y material nuevo |
Repaso, extra o garantía: no es lo mismo
Antes de apuntar nada, conviene saber qué estás apuntando. En la obra se mezclan tres cosas distintas:
- Repaso por ajuste normal. La madera se ha movido o una puerta necesita regularse. Va a tu cargo, pero tiene que aparecer en el coste de esa obra.
- Fallo propio. Una medida mal tomada o una pieza mal cortada. También va a tu cargo, y además te dice dónde mejorar.
- Cambio del cliente. Quiere otro tirador o mover un estante. Eso no es un repaso: es un extra y se cobra. Lo contamos en el artículo sobre cómo cobrar los extras en trabajos a medida.
Si no los separas, todo acaba en el mismo saco. Y del saco de "repasos" nunca sale una factura.
Apuntar los repasos sin papeleo
El oficial que va a un repaso no va a rellenar un formulario. Tiene que ser rápido o no se hace. Lo que funciona en un taller es poco y sencillo:
- Que el repaso se abra sobre la misma obra, no como un trabajo suelto sin nombre.
- Que el oficial marque las horas desde el móvil, igual que en cualquier otro parte.
- Que el material que coge se descuente del stock y vaya a esa obra.
- Que haya un campo corto para el motivo: ajuste, fallo propio o cambio del cliente.
Con eso basta. No hace falta un informe. Hace falta que el dato llegue a la obra correcta. Si en tu taller los partes de horas ya cuestan, empieza por ahí: en por qué nadie rellena los partes de horas hay ideas para que el equipo los rellene sin pelearse.
Consejo práctico: no cierres una obra el día que la facturas. Déjala abierta un mes más para repasos. Lo que se apunte en ese mes también es coste de esa obra, y sin ese mes de margen nunca sabrás lo que te dejó de verdad.
Qué te dicen los repasos cuando los mides
Al principio, apuntar los repasos solo sirve para saber el margen real. Pero cuando tienes varios meses de datos, empiezan a decirte cosas.
Quizá los repasos se repiten siempre en el mismo tipo de mueble. O en el mismo herraje. O en las obras que montó el mismo equipo con prisas. Quizá descubres que las puertas lacadas vuelven más que las de melamina, o que un proveedor de bisagras te está dando problemas.
También te sirve para presupuestar. Si sabes que un tipo de obra suele traer una visita de repaso, la puedes meter en el precio desde el principio. Sin inventar: con lo que ha pasado en tu propio taller.
Cómo encaja en una sola herramienta
Todo esto se complica cuando el presupuesto está en un Excel, las horas en una libreta, el stock en la cabeza del encargado y las facturas en otro programa. El repaso cae en el hueco entre los cuatro.
En AJR hacemos software de gestión a medida para fábricas y talleres pequeños: presupuestos, costes por obra, stock de material, partes de horas y facturación en el mismo sitio. No es un ERP genérico ni se paga por usuario. Se adapta a cómo trabaja tu taller, y el repaso queda colgado de su obra con sus horas, su material y su viaje.
Empieza por la próxima obra
No hace falta revisar todo lo que entregaste el año pasado. Empieza por la próxima obra que cierres: déjala abierta un mes, apunta cada vuelta y mira el resultado. Con una sola obra ya sabrás si los repasos son una anécdota o una fuga de margen.
Si quieres ver cómo quedaría esto en tu taller, con tus oficios y tu forma de trabajar, escríbenos desde la página de contacto y lo hablamos sin compromiso.
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