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·6 min de lectura·Por Roberto Carlos González Díaz

Albaranes de proveedor en papel: cómo cuadrarlos con la factura

Albaranes de proveedor en papel que se pierden y facturas que no cuadran. Cómo controlarlos en un taller, imputarlos a cada obra y pillar subidas de precio.

Martes, once de la mañana. Llega la furgoneta del almacén con seis tableros de melamina blanca, una caja de bisagras y dos rollos de canto. El chófer tiene prisa. Alguien firma el albarán con el lápiz de carpintero, lo dobla y se lo guarda en el bolsillo. Así empiezan casi todos los líos con los albaranes de proveedor en papel.

A fin de mes llega la factura del almacén. Recoge once albaranes. En la carpeta de la oficina hay siete. Los otros cuatro están en el bolsillo de alguien, en el salpicadero de la furgoneta o en una foto de WhatsApp que ya nadie encuentra. Al final se paga la factura entera, porque reclamar sin papeles es perder la mañana.

No es un problema de gente descuidada. Es que el papel va por un camino y el dinero por otro, y nadie los junta hasta que es tarde. Aquí va cómo juntarlos sin cargar a nadie con más trabajo.

Qué pasa con los albaranes de proveedor en papel

En un taller de cinco o diez personas, el albarán lo firma quien está más cerca de la puerta. Puede ser el encargado, un oficial o el aprendiz. Y cada uno lo guarda en un sitio:

  • El bolsillo del pantalón, hasta que pasa por la lavadora.
  • El corcho de la pared, debajo de tres planos y un calendario.
  • La guantera de la furgoneta, si el material se recogió en el almacén.
  • Una foto en el móvil de alguien que está de vacaciones.
  • La carpeta de «pendiente» de la oficina, que nadie abre hasta el cierre del trimestre.

El material ya está montado en casa del cliente. El albarán era la única prueba de qué llegó y para qué obra, y está en cualquier sitio menos donde hace falta.

Lo que te cuesta un albarán que no aparece

Un papel perdido parece poca cosa. Pero detrás de cada uno hay dinero que se escapa por varios lados:

  • Pagas lo que no llegó. Si faltaron dos tableros y nadie lo anotó, la factura los cobra igual.
  • No sabes a qué obra fue. El material acaba en «gastos generales» y la obra parece más rentable de lo que fue.
  • No ves las subidas de precio. El herraje que presupuestaste a un precio llega facturado a otro, y la diferencia sale de tu margen.
  • No puedes reclamar. Un abono o una devolución se pide con el albarán en la mano. Sin él, la última palabra la tiene el proveedor.

Nada de esto se nota en el día a día. Se nota al cerrar el año, cuando las cuentas no salen como pensabas.

Cómo cuadrar albaranes con facturas de proveedor, paso a paso

Cuadrar albaranes con facturas de proveedor no es contabilidad avanzada. Es un orden sencillo que se repite con cada entrega:

  1. Registrar el albarán el día que llega. No a fin de mes. Ese mismo día, aunque sea con una foto desde el móvil.
  2. Contar antes de firmar. Seis tableros pedidos, seis descargados. Si falta algo o viene dañado, se apunta en el propio albarán.
  3. Ponerle nombre de obra. «Cocina Torrejón», «Barandilla Coslada» o «Stock general». Sin eso, el albarán sirve para pagar, pero no para saber cuánto te costó cada trabajo.
  4. Cuando llega la factura, marcar qué albaranes incluye. Uno a uno. Si te cobran un albarán que no tienes, se pide copia antes de pagar.
  5. Comparar cada precio con el último que pagaste. Si ha subido, que se vea ahora y no seis meses después.
  6. Pagar lo que cuadra y reclamar lo demás. Con el papel delante, la conversación con el proveedor es mucho más corta.

Con una carpeta y un Excel esto aguanta una semana. Luego entra una obra con prisa y el orden se rompe.

Cada albarán, con su obra

Este es el paso que más se salta y el que más dinero esconde. Un taller de carpintería metálica compra perfil, chapa, tornillería, pintura y discos de corte. Si todo entra como «compras del mes», no hay forma de saber si la escalera que entregaste la semana pasada te dejó margen o te costó dinero.

Cuando cada albarán lleva su obra, el coste de material se va sumando solo. Al terminar el trabajo ya sabes cuánto material se llevó, sin reconstruirlo de memoria. Lo explicamos con más calma en el coste real de una obra: por qué siempre lo sabes tarde.

Lo que no es de ninguna obra, como la tornillería suelta, va a stock general. Lo importante es decidirlo cuando llega el material, no tres meses después.

Las subidas de precio que nadie ve

El tablero, el perfil de aluminio y el herraje cambian de precio a lo largo del año. El proveedor no siempre avisa. A veces la subida va en una línea de la factura y ya está.

El problema es que tú presupuestaste con el precio antiguo. Si el cliente firmó en marzo y el material se compró en junio, la diferencia la pagas tú. Y si nadie compara precio a precio, ni te enteras: el siguiente presupuesto sale con el precio viejo y el agujero se repite.

Con todo registrado, ver el último precio pagado de cada referencia es inmediato. Puedes reclamar si la subida no estaba pactada y ajustar el próximo presupuesto antes de que te coma el margen.

Consejo para empezar el lunes: pon una bandeja en la puerta del taller y una regla que todo el mundo conozca. Nadie firma un albarán sin contar el material y escribir encima el nombre de la obra. Una vez firmado, el albarán va directo a la bandeja, no al bolsillo. Son diez segundos y te ahorras buscar papeles a fin de mes.

Del papel al programa sin teclear

La bandeja ayuda, pero alguien tiene que pasar luego cada albarán a algún sitio. Ahí se atasca todo: nadie quiere teclear líneas de herraje a las siete de la tarde.

Un programa de gestión hecho para tu taller puede quitar ese paso. Quien recibe el material hace una foto al albarán. El programa lee proveedor, referencias, cantidades y precios, y lo deja preparado. Una persona lo revisa, le pone la obra y lo confirma. Con la factura se hace lo mismo, y el programa señala qué albaranes cubre y qué no cuadra.

La parte de leer documentos ya la montamos en el caso de una carpintería a medida: facturas y albaranes se fotografían y las líneas de coste entran solas para que una persona las confirme. No sustituye a nadie. Quita el tecleo y deja la decisión a quien conoce la obra.

Y como el albarán ya está dentro, el material entra en stock y el coste se suma a la obra sin copiar nada de un Excel a otro.

Qué pedirle a un programa para controlar albaranes

Si vas a meter un programa en el taller, que sea uno que la gente use. Para los albaranes, como mínimo:

  • Que funcione desde el móvil, en la puerta del taller y con las manos sucias.
  • Que lea el albarán desde una foto y tú solo tengas que revisar.
  • Que no deje confirmar sin elegir obra o stock general.
  • Que avise cuando un precio cambia respecto a la última compra.
  • Que no se pague por usuario, para que el oficial que recibe el material pueda entrar sin que te cueste más.

Eso es lo que hacemos en AJR: software de gestión a medida para fábricas y talleres pequeños de Madrid y el Corredor del Henares. Una sola herramienta para presupuestos, costes por obra, stock de material, partes de horas y facturación, montada sobre cómo ya trabajas. No es un ERP genérico.

¿Lo probamos con tus albaranes?

Haz una prueba esta semana. Coge la última factura de tu proveedor principal y busca todos sus albaranes. Si aparecen todos, bien hecho. Si no, ya sabes por dónde se escapa parte del margen.

Si quieres ver cómo quedaría en tu taller, escríbenos desde la página de contacto o a comercial@iajr.es, o llámanos al +34 683 353 228. Pasamos a ver el taller y te damos el alcance y el precio cerrados por escrito.

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