El coste real de una obra: por qué siempre lo sabes tarde
Por qué el coste real de una obra se sabe cuando ya está entregada, dónde se escapan las cuatro fugas de margen del taller y cómo verlo a tiempo.
Entregas el trabajo. Facturas. El cliente paga. Y unas semanas después, cuando el gestor te pasa los números del trimestre, te llevas el susto: ese pedido que parecía bueno no dejó lo que pensabas. O peor, no dejó nada.
Lo raro no es que pase. Lo raro es que en un taller de diez personas se conozca el coste real de una obra antes de entregarla. Casi nadie lo sabe. Y no es por dejadez: es que los datos que harían falta están repartidos en cinco sitios distintos y ninguno habla con el otro.
Lo que crees que ha costado y lo que ha costado
Cuando presupuestas, haces una cuenta de cabeza. Material, más o menos tanto. Horas de taller, unas cuantas. Montaje, un día. Le metes tu margen y envías el número.
Esa cuenta se hace con lo que recuerdas de trabajos parecidos. El problema es que lo que recuerdas es el presupuesto anterior, no lo que de verdad costó el trabajo anterior. Vas copiando una estimación encima de otra. Si la primera estaba corta, llevas años arrastrando el error sin saberlo.
El coste real solo aparece si alguien suma, para ese pedido concreto: el material que salió del almacén, las horas que se metieron, lo que se compró a proveedor específicamente para él, los desplazamientos y el tiempo de montaje. Casi nunca se hace, porque hacerlo a mano para cada trabajo son dos horas de oficina que nadie tiene.
Las cuatro fugas que no salen en el presupuesto
Hay cuatro sitios por donde se escapa el margen sin que aparezca en ningún papel.
El material que se va en el corte. Presupuestas tablero, perfil o chapa por lo que entra en la pieza. Lo que sale del almacén es la plancha entera. El retal que queda o se aprovecha en el siguiente trabajo o se convierte en desperdicio, pero en los dos casos lo has pagado tú. Si no lo imputas a algún sitio, desaparece.
Las horas que nadie apunta. El parte de horas es el papel más odiado del taller. Se rellena al final de la semana, de memoria, y siempre cuadra sospechosamente con la jornada. Las dos horas del martes que se fueron en rehacer una pieza mal cortada no están en ningún parte. Están en el margen.
Los extras que se aceptan de palabra. El cliente llama a mitad de obra: «ya que estáis, cambiadme esto». Dices que sí porque es media hora. Media hora más otra media hora más un herraje distinto, y al final del trabajo has regalado un día. Si no queda registrado contra el pedido en el momento en que pasa, no se factura y no se contabiliza.
El montaje. Se presupuesta un día de montaje. El acceso es peor de lo que se vio, falta un tornillo, hay que volver. El segundo viaje no lo cobra nadie.
Ninguna de las cuatro es dramática por sí sola. Las cuatro juntas, repetidas en cada trabajo del año, son la diferencia entre un taller que gana dinero y uno que va tirando.
Por qué el Excel no lo arregla
Casi todo el que intenta resolver esto empieza por un Excel. Una pestaña por obra, columnas de material y horas, y a rellenar.
Funciona dos meses. Luego pasa lo de siempre: el Excel lo rellena una persona, esa persona se va de vacaciones, y cuando vuelve tiene tres semanas de atraso que ya no puede reconstruir. O hay dos versiones del archivo, la del ordenador de la oficina y la que alguien se mandó por WhatsApp. O el operario no tiene dónde apuntar sus horas más que en un papel que se moja en el taller.
El Excel no falla por ser Excel. Falla porque obliga a que alguien teclee dos veces lo que ya pasó una vez: cuando el operario ficha, cuando sale material del almacén, cuando entra un albarán del proveedor. Cada vez que hay que teclear algo dos veces, tarde o temprano se deja de teclear.
Qué hace falta para saber el coste real de una obra antes de entregar
Para saber el coste de una obra en curso, no hacen falta muchas cosas. Hacen falta cuatro, y que estén en el mismo sitio:
- El pedido como contenedor. Todo lo que se gasta se cuelga de un número de pedido: material, horas, compras, extras. Si algo no tiene pedido asignado, se ve enseguida.
- Las horas imputadas donde se trabajan. El operario marca en qué pedido está y cuánto lleva, desde el móvil, en el momento. No al final de la semana y no de memoria.
- El almacén descontando solo. Cuando sale tablero o perfil para un pedido, el stock baja y el coste sube en ese pedido. Sin apuntar nada aparte.
- Los albaranes del proveedor atados al pedido. Lo que compras expresamente para un trabajo entra en el coste de ese trabajo, no en un montón de gastos generales de fin de mes.
Con esas cuatro cosas, en cualquier momento puedes abrir un pedido y ver qué llevas gastado contra lo que presupuestaste. No al final. A mitad, que es cuando todavía puedes hacer algo.
Y hay un efecto secundario que vale más que el propio dato: la segunda vez que presupuestas un trabajo parecido, ya no copias la estimación anterior. Copias el coste real. Es la primera vez en años que el presupuesto se apoya en algo que pasó de verdad.
Cómo se ve esto en un taller
Esto es exactamente lo que hacemos en AJR con nuestro software de gestión para fábricas y talleres: una sola herramienta donde el presupuesto, el coste por obra, el stock de material, los partes de horas y la facturación son la misma cosa y no cinco programas distintos.
No es un ERP genérico de los que te obligan a cambiar cómo trabajas para encajar en el programa. Y no se paga por usuario, así que dar de alta al chaval nuevo del taller no te sube la cuota.
Si quieres ver cómo queda esto aplicado a un oficio concreto, en el caso de carpintería a medida está desarrollado con más detalle.
Si este mes solo puedes cambiar una cosa, que sea el parte de horas: pasarlo del papel del viernes al móvil del operario en el momento en que trabaja es lo que más acerca el coste que ves al coste que hay.
Por dónde empezar mañana sin comprar nada
Aunque no cambies de herramienta, hay algo que puedes hacer esta misma semana y que te va a doler pero te va a servir:
Coge los tres últimos trabajos que has entregado. Los tres. Y reconstruye a mano lo que costaron de verdad. Busca los albaranes de compra, pregunta a los operarios cuántos días estuvieron, mira qué material salió. Súmalo y compáralo con lo que presupuestaste.
Es un trabajo de una tarde y probablemente sea la tarde mejor invertida del trimestre. No para saber esos tres números, sino para ver cuánto te separa la estimación de la realidad y en qué dirección. Si te sale que te quedas corto siempre en horas, ya sabes dónde está tu problema. Si te sale que el material se dispara, es otro.
Después de esa tarde vas a tener claro si esto lo puedes llevar con un cuaderno o si necesitas que el sistema lo haga solo. Los dos resultados son buenos. El malo es seguir sin mirarlo.
¿Lo miramos en tu taller?
Si llevas tiempo con la sensación de que trabajáis mucho y el dinero no aparece, lo primero no es cambiar de programa: es saber por dónde se va.
Cuéntanos cómo trabajáis y lo miramos con vuestros números. Puedes escribirnos desde la página de fábricas o directamente por contacto.
Estamos en Alcalá de Henares. Si tu taller está en Madrid o en el Corredor del Henares, vamos a verlo en persona.
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